martes, 14 de mayo de 2019

EL YUMI DESTRUCTOR DE MALDAD






Shibata Sensei XX dio esta charla en mayo de 1985 en el Grupo de Estudio del Dharma de Kyoto con ocasión de su presentación al grupo de un Hama-yumi, un arco especial utilizado en rituales de purificación

Buenas tardes. Ahora tenemos la estación más bonita en Kyoto. ¿Cómo está vuestra mente? ¿Sois todos felices? Hoy mi charla es sobre kyudo y Hama-yumi. Estas ideas se han transmitido desde el pasado, pero también voy a hablar sobre algunas de mis propias ideas.

El tiro con arco occidental está basado en la idea de darle al blanco. No hay otra razón para hacerlo. Los arcos occidentales están hechos muy científicamente para ese propósito. Sin embargo, los arcos japoneses están hechos de bambú, que es cortado por personas. Ya que están hechos de una forma natural no hay dos iguales, cada uno es diferente. Hacer un yumi es muy difícil y tensar un yumi también es difícil. En el tiro con arco occidental también hay unos pasos para tensar el arco, pero el objetivo es completamente diferente.

El kyudo es muy difícil, pero no importa si le das al blanco o no. En el antiguo Japón el kyudo era la forma más elevada de etiqueta. Un samurai también tenía que conocer la etiqueta apropiada asociada con la equitación, la esgrima y la lanza. En la época de Nobunaga se introdujeron en Japón las armas de fuego. Eran más precisas, pero hacían mucho ruido cuando se disparaban. El yumi era silencioso y uno nunca sabía de dónde venía la flecha, así que el Shogun Tokugawa prohibió el uso del yumi en las batallas. Se convirtió entonces el yumi en un medio de disciplina espiritual y de aprendizaje de etiqueta. Es también en esta época cuando nace el Hama-yumi. El Hama-yumi, o “yumi destructor del mal” se utiliza como un medio de purificación. Para purificar el entorno y tu propio espíritu. La imagen budista de Amitaba se muestra a veces con un yumi y un ya en sus manos. ¿Por qué el ideal budista de paz y compasión está conectado con armas violentas? Porque no son armas de violencia. Son armas de purificación.




Hace unos 700 años, apareció un demonio en el palacio imperial. Salía de noche y ponía enfermo al emperador. Enviaron al palacio a un hábil arquero llamado Yorimasu Minamoto que mató al demonio con su primera flecha. El emperador recuperó su salud y Yorimasu fue ascendido. Este fue el principio del Hama-yumi. ¿Qué podemos aprender del Hama-yumi? Es para limpiar la mente. Originalmente, el Shihobarai (Ritual de Purificación de las Cuatro Direcciones) se realizaba con el Hama-yumi. Todos estamos rodeados de “fantasmas hambrientos” –tentaciones, deseos, pensamientos negativos y demás. El haya, la primera flecha, es para exorcizar a estos fantasmas hambrientos. El otoya, la segunda flecha, simboliza dar la bienvenida a la felicidad ya que uno ha sido purificado.

¿Cómo está todo esto conectado con el kyudo? El kyudo está basado en estrictas reglas de etiqueta. Es una competición con uno mismo. En los deportes uno intenta ser un campeón, pero en kyudo no es así. El blanco no es un blanco. Es un espejo de tu propia mente. Las personas tienen siete emociones básicas o corrupciones: felicidad, enfado, codicia, expectativa, tristeza, miedo y sorpresa. La finalidad del kyudo es abrirse camino a través de estas corrupciones para experimentar mu, vacuidad. Mucha gente practica meditación, pero tras quince o veinte minutos uno se inquieta y quiere acabar. Kyudo es zen permaneciendo en pie. Todas estas esperanzas y deseos y pensamientos mientras estás tensando el yumi, tales como “quiero darle al blanco, quiero tener un buen estilo” harán que el ya vuele a algún otro sitio.

Conócete a ti mismo. Primero conoce tu mente y después puedes practicar kyudo. Si tu mente es correcta le darás al blanco de forma natural. Es lo mismo con toda tu vida, no sólo en kyudo. Si estás siempre dándole vueltas al blanco o al resultado, no se puede conseguir nada bueno. Si siempre miras primero hacia ti mismo –tus propios pies, tus propias bases, entonces las cosas irán correctamente de forma natural. La palabra “do” en kyudo significa “camino”. Es difícil hablar de este concepto de “do”. Practicar el camino del kyudo es muy difícil, aunque la gente piense que es fácil. Esto también es verdad para el camino de las flores, del té y demás. La práctica del “do” no tiene concepto o meta. El tipo de kyudo que me gustaría que entendierais no se basa en hacerse mejor y mejor. Esta disciplina es un medio de limpiar o pulir tu propia mente a través de la propia reflexión.


      La vida parece muy larga, pero es muy corta. Se acaba como un destello. Hansei es el proceso de mirar atrás en nuestra vida. Reflexionas sobre tus propios actos. América y Europa están altamente industrializadas. Tradicionalmente, las naciones asiáticas han estado más preocupadas del desarrollo de la vida interior, de la mente. ¿Pensáis que estamos viviendo en una era feliz? Ordenadores, televisiones –tenemos tantas de esas cosas. Nuestra comida y nuestro café son instantáneos, pero ¿tienen buen sabor? Aunque tenemos artilugios científicos a todo nuestro alrededor, nos falta algo. ¿No está olvidando la gente su propio desarrollo mental y espiritual? Creo que la sociedad humana ha olvidado el corazón y la mente. Se destruyen hermosas montañas. Se quitan los árboles y el suelo y se colocan en su lugar grandes edificios. Las montañas lloran, creo yo. Las montañas dicen: “¿Por qué la gente me corta la cabeza y los brazos?”. A veces las montañas se enfadan. Cuando cae la lluvia, el agua se precipita causando corrimientos de tierras. ¿No deberíamos poner más atención a la mente por el bien de las generaciones futuras? En los viejos tiempos la gente iba andando a todas partes. Ahora vamos en coche incluso a una corta distancia para ir a comprar. ¿Es realmente adecuado? ¿No deberíamos pensar un poco más en estas cosas que suceden en el mundo moderno? Estoy muy contento de que en una tarde tan hermosa de mayo hayáis venido a escuchar mi charla un tanto cómica. Espero en el fondo de mi corazón que todos vosotros alcancéis la felicidad. Muchas gracias. Estoy acostumbrado a hablar en universidades donde la gente no me escucha tan sinceramente. 


© Fernando Ayllón Martí. 
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viernes, 19 de abril de 2019

EL CAMINO DEL KYUDO


Cómo pulir tu mente
Extracto de una entrevista con Sendai Kanjuro Shibata XX




Para el principiante, las Siete Coordinaciones ofrecen la base del kyudo. Los principiantes deben reflexionar en todos y cada uno de los tiros. En deportes hay competidores, ganadores y perdedores. Esto no es cierto en kyudo. El Kyudo está basado en la idea de issha (un tiro). La reflexión es lo más importante. Ya que, en el principio, el kyudo se practica a una distancia de dos metros, no es nada darle al blanco. Primero uno reflexiona sobre la técnica. La mayoría de los principiantes se olvidan de esto y piensan demasiado en el blanco. No es importante a dónde va la flecha. Eso es sólo un reflejo de la precisión de tu técnica y de la pureza de tu mente. Trabajar con las Siete Coordinaciones refina tu técnica.

    Si se continúa trabajando en la técnica, uno empieza a encontrar las Siete Corrupciones de la mente. La forma de dejar de lado estas corrupciones es a través del camino del kyudo. Este do (camino) no tiene fin. La práctica nunca termina, y empieza de nuevo con cada tiro. Tú no tiras al blanco. Manteniéndonos en las Siete Coordinaciones, la flecha irá al blanco, como si la flecha tuviera su propia mente. No eres “tú” tirando al blanco. La mente correcta y el corazón correcto, no sólo la forma correcta, tira al blanco. Esta mente correcta se conseguirá por las Siete Coordinaciones, reflexionando tanto en la precisión de la técnica así como también en las Siete Corrupciones.

Las Siete Corrupciones:

1. Felicidad – Yorokobu
2. Enfado – Okoru
3. Codicia, inquietud – Urei
4. Expectativa – Omou
5. Tristeza – Kanashimu
6. Terror – Osoreru
7. Sorpresa – Odoroku

El objetivo último del kyudo es pulir tu mente. Es lo mismo con el zazen. No estás puliendo tu estilo de tiro, sino tu mente. La dignidad del tiro es un punto importante. Esta dignidad no la ganarás sin la mente correcta, no importa cuánto tiempo lleves tirando.




© Fernando Ayllón Martí. 
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jueves, 18 de abril de 2019

KYUDO & SHAKUHACHI








MEDITATIONS



Ice scars thicken bamboo walls
To hold future tones,
Like Wind blowing
Through the bamboo grove;
Clack, clack clack...
And now a note:
Nightingale calling.



Poetry like other forms of meditation, suizen and kyudo require that you stay fully present during the process, rather than focusing on any predetermined outcome. Doing so releases any inhibitions or ideas of what needs to happen, so that your actions can flow freely through you. When you play shakuhachi, you are able hear the reflections of your innermost self as voices singing through bamboo and in kyudo, as you prepare to let the arrow fly each action is a reflection of your inner being that projects the arrow to its mark. And in poetry words and phrase become the evocation of the author’s inner mind.

Blow the breath through bamboo and listen to shakuhaci’s voice; move through kyudo’s forms and observe the arrow’s path, write each word and line as poetry and hear each evocation. Such are meditations: gateways to our inner selves.


Eric B Würsten
Founding partner of ZEN KYUDO CLUB BARCELONA





sábado, 6 de abril de 2019

KYUDO, EL CAMINO DEL ARCO




Sendai Kanjuro Shibata XX en Kai (1990)



   Siglos atrás en Japón, el tiro con arco era considerada la disciplina más elevada del guerrero samurái. Después, cuando el arco perdió su sentido como arma de guerra, y bajo la influencia del budismo, el sintoísmo, y otras tradiciones espirituales, el tiro con arco japonés evolucionó hacia el Kyudo, el “Camino del Arco”, una profunda y elaborada práctica contemplativa.

   El kyudo, como lo enseñaba Sendai Kanjuro Shibata XX, y lo hace actualmente Shibata Sensei XXI, no es un deporte competitivo y la puntería se considera relativamente poco importante. Según Shibata XX, maestro de la escuela Heki Ryu Bishu Chikurin-ha de kyudo, el fin último del kyudo es pulir la mente, el mismo que en la meditación sentada.

“No estamos puliendo el estilo o la técnica de uno, sino la mente. La dignidad del tiro es lo importante. En esto se diferencia el kyudo del enfoque habitual del tiro con arco. En kyudo no hay esperanza. La esperanza no es la cuestión. La cuestión es que, a través de la práctica prolongada y auténtica, aflora tu dignidad natural como ser humano. Esta dignidad natural ya está en ti, pero está cubierta por muchos obstáculos. Cuando éstos desaparecen, tu dignidad natural puede verse brillar” 


Sendai Kanjuro Shibata XX

   Chogyam Trungpa, el conocido maestro tibetano de meditación, dijo: “A través del kyudo uno puede aprender a vivir más allá de la esperanza y el miedo, puede aprender a ser”.


Kyudo, la práctica



   La práctica del kyudo es aparentemente sencilla. Los estudiantes pueden recibir instrucción en la forma básica, Shichido, (las siete coordinaciones), en tan sólo 5-6 clases o durante un fin de semana intensivo. Tras el entrenamiento inicial, la práctica comienza tirando a un blanco de paja a sólo dos metros de distancia. Cuando se alcanza cierto grado de habilidad la práctica se amplía, incluyendo el tiro a 28 metros de distancia.

   Al trabajar con la precisión de la forma, gradualmente se va desplegando un proceso natural a través del cual el practicante tiene la oportunidad de ver su mente con más claridad. El blanco se convierte en un espejo que refleja las cualidades del corazón y la mente en el momento de soltar la flecha. Esto distingue al kyudo del tiro con arco donde el objetivo es simplemente dar en el blanco.

   Kyudo es “meditación de pie”, y como tal, es un auténtico arte contemplativo. Para practicar el kyudo de esta manera, se debe tener un buen maestro. El kyudo no se puede aprender de un libro. El entendimiento y la orientación de un maestro o instructor cualificado son inestimables conforme uno progresa por el camino del kyudo.

   Hombres y mujeres de todas las edades pueden practicar kyudo, ya que la fuerza física no es un elemento importante. Los niños pueden empezar alrededor de los ocho años.

   El camino del kyudo es un camino de conocimiento personal y, en última instancia, de realización personal. Aunque puede ser largo, hay enormes recompensas a lo largo del camino. Todo empieza con el primer tiro.

© Fernando Ayllón Martí. 
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jueves, 4 de abril de 2019

TIRO CON ARCO Y ESPIRITUALIDAD. 2ª PARTE.

Artur Duch

   El tiro con arco es una de las prácticas más antiguas de la humanidad.

   Han sido encontradas puntas de flecha de sílex que tienen más de 30.000 años de antigüedad. 

   Abarca una época que va del paleolítico superior hasta la época del mesolítico, parece ser que tras el final del periodo glacial, el uso del arco se extendió por el resto del mundo, menos en Australia.

   En la Antigua China el tiro con arco tenía una importancia fundamental, según un texto clásico del confucionismo, en la dinastía Shang y la tercera dinastía: la dinastía Zhou (1146 – 256 a. C.) fue la dinastía gobernante más larga de China, los Zhou usaron por primera vez el mandato celestial para justificar su dominio. El tiro con arco era considerado una de las seis artes que un Caballero debía dominar junto con la cortesía, la música, la equitación, la caligrafía y las matemáticas.

   Al dar comienzo la ceremonia del profundo ritual espiritual de disparar una flecha, los arqueros se saludaban haciéndose una reverencia, se colocaban dos arqueros, uno joven y el otro mayor, que formaban un equipo y tenían que lanzar cuatro flechas cada uno, al ritmo de la música que acompañaba la ceremonia. Al empezar el tiro, el arquero sostenía  el arco con sus manos y aguantaba la flecha entre los dedos de ambas manos creando un instante de gran atención y quietud. Los movimientos lentos, armoniosos, la atención, las formas apropiadas y la conducta, a menudo eran más importantes que el hecho de acertar el objetivo, al terminar la ceremonia todos los arqueros bebían juntos.

   “Qué difícil es disparar en armonía con la música y disparar sin olvidar el objetivo, solo un arquero de gran virtud puede hacerlo “       Confucio 551 – 479 a. C.

   En la Grecia Antigua, durante la época micénica, el arco y las flechas en la guerra adquirieron una enorme popularidad. Esta situación se transformó con el inicio de la edad de Hierro y los importantes cambios en la ética guerrera griega. Consideraron que su uso no era ético, pues podía matar al mejor guerrero desde una gran distancia, sin que este viera de donde le venía la muerte. La ética y el honor, prevalecían sobre el hecho de ganar o perder una batalla.

   En la antigua Europa dejaron rastro los romanos y los celtas pero no tenemos constancia clara del uso del arco por parte de los íberos. El arco más antiguo que se conserva hoy en día está en Dinamarca y tiene entre 8.000 y 10.000 años de antigüedad.

   Durante la guerra de los 100 años el arco que se hizo popular fue el longbow, arco largo inglés, tenía entre 1,70 y 2,00 m., de longitud, su potencia oscilaba entre las 90 y 100 libras, unos 40 y 50 kg, su madera era de Tejo, (La potencia de un arco es la fuerza que tenemos que vencer al tensar la cuerda, generalmente se mide en libras). En la Gran Bretaña se creó la primera federación de tiro con arco, La “Grand National Archery Society (GNAS)” en el año 1861.




El arco de arriba es una reproducción del mas antiguo. El de abajo es una reproducción del longbow inglés


   En Alemania durante el siglo XIV los campesinos eran llamados regularmente para practicar el tiro con arco como grupos de defensa, más tarde usaron las ballestas. Francia, un país de gran tradición arquera también formó la “Federatión des Compagnie d’Arc de l’Ille de France”, en el año 1899.

   Como podemos ver, en la que ahora es Europa, no se encuentra información de que el arco se hubiera usado para otra cosa que no hubiera sido para la guerra y la caza, y menos aún de su uso como “camino espiritual”.

   Lo mismo que en otras culturas, con la llegada de las armas de fuego, pasó a ser usado como deporte. En el año 1967, procedente del Japón, llegó a Paris el maestro Taisen Deshimaru, inmediatamente empezó a enseñar la práctica del Zen, zazen. Antes de su llegada en Europa solo se conocía el Zen a través de la literatura.

   En medio siglo se ha extendido por diferentes países de toda Europa, creándose infinidad de Dojos y, como es natural, llegando a diferentes estratos sociales.

   Taisen Deshimaru al llegar a Francia se encontró con una sociedad aparentemente diferente a la de Japón, pero en el fondo no había tal diferencia. Las diferencias pueden ser culturales y tradicionales.  ¿Qué diferencia hay entre un olivo y un abeto? la diferencia es solo exterior, en esencia son lo mismo: ¡árboles! Pues llevándolo a los arcos, ¿qué diferencia encontramos entre un Yumi, (el arco largo japonés) y un longbow  o un arco recurvado tradicional?, pues solo su forma. En todos ellos tenemos que esforzarnos igual para tensar su cuerda y que el arco se cargue de energía, para que la flecha pueda ser lanzada.






   Zen, una manera de vivir y entender la existencia en unidad con el “Todo”, una experiencia profunda, el Zen no desaparece en nuestra vida diaria.

   Según Baso Matsu, “el Zen es la conciencia cotidiana.”
   “La sombra de los pinos depende de la claridad de la luna.” Kodo Sawaki.

            “Este es el espíritu zanshin: el espíritu del gesto que permanece, sin apegarse, vigilante, atento al instante presente y al siguiente...” La intuición dicta entonces el propio gesto.


   “Los que practican zazen pueden comprenderlo fácilmente. Y todos los que hacen a la vez la experiencia de las artes marciales y de zazen sacan de ello una gran sabiduría y eficacia.” Taisen Deshimaru, Roshi. Del libro: “Zen y artes marciales”.

   El zen ha influenciado a algunos grupos de arqueros practicantes de zazen y al tiro con arco, con sus arcos longbow y recurvados muestran la misma actitud cuando están sentados en zazen que cuando lanzan sus flechas.

   Así pues, nos encontramos delante de un hecho: la práctica del tiro con arco bajo la influencia del espíritu zen. Nuestra actitud de cómo hacemos las cosas lo cambia todo, esta forma de vivir el tiro con arco occidental lleva consigo la atención, la calma, la respiración, el silencio interior y la transmisión. Es una práctica que pretende el dominio de uno mismo, el control de la energía en el abandono del ego, el entrenamiento de la conciencia y la comunión con el orden del universo, ejercitando la atención, la respiración, el gesto, la postura y la mente.

   Una sesión de tiro con arco bajo la influencia del espíritu zen, comienza con un zazen, seguidamente y en silencio se montan los arcos y protecciones, despacio, con calma. Luego se entra en el dojo de tiro con arco.

   En grupos de cuatro o más arqueros se colocan cerca de la línea de tiro, delante de las dianas, en una mano, el arco, dos flechas en el carcaj (bolsa para llevar flechas) con los puños cerrados apoyados en las crestas ilíacas, (en la pelvis), mirando la diana se hace una suave reverencia.




   Seguidamente se toma posición en la línea de tiro, se hace una lenta y profunda respiración finalizándola con una retención en el hara, esto ayuda a encontrar un estado de calma y fuerza; en la siguiente inspiración también lenta y profunda, mientras sentimos el aire frío que entra por la nariz, cogemos la flecha del carcaj, nuestros  ojos ven la flecha y la mano siente su tacto, la vamos colocándola cuidadosamente en el arco como si se pudiera romper, mientras espiramos  hasta el final realizando de nuevo una retención, con la flecha colocada en  la cuerda, el extremo inferior de la pala del arco apoyada en la rodilla, con el puño de la mano de cuerda en la cresta ilíaca mientras repetimos otra respiración, con total atención, lenta y completa, mirando la flecha.

   Seguidamente cogemos la cuerda con los dedos, encarando el arco hacia la diana, y lo levantamos por encima de la cabeza mientras tomamos aire, la flecha debe de estar paralela al suelo, bajamos el arco lentamente, prestando atención a los hombros, hasta llegar a la altura correcta. Los ojos ven la diana, el arco en la mano, la cuerda, la flecha, la mano de cuerda, sentimos los músculos pectorales perfectamente relajados, mientras que los que tensan la cuerda, los de la espalda ( serrato, trapecio, etc. ) van cogiendo volumen a medida que vamos tensionando la cuerda, los músculos abdominales van apretando hacia el hara mientras se va expulsando con fuerza el aire por la nariz, haciendo coincidir el momento de la suelta ( instante cuando los dedos abandonan la cuerda ) con el último aliento de aire, oyendo un suave “blob” en el momento en que la cuerda da un pequeño bote por encima de la yema de los dedos y la cuerda se lleva la flecha, la mano de cuerda por la inercia de la tensión  sale lanzada hacia atrás acariciando la cara hacia la nuca.

   Se ve la flecha volar hacia la diana, no importa si acierta o no, pero en este tiro vivido de esta manera, el arquero acierta en sí mismo, todo unidad, sin separación,  ¡el ki aparece y lo llena todo, arco, cuerda, arquero!, en un instante único. Esta es la experiencia de la fusión entre arquero, arco, flecha, blanco y el “yo”.

   Cuando el primer grupo de arqueros han lanzado sus flechas dan un paso atrás colocándose de cara a la diana con los puños en las crestas ilíacas, llevando en una mano el arco y hacen una suave reverencia mirando a la diana. Finalmente, éstos abandonan este espacio y entra el siguiente grupo.

   La sesión puede durar dos o tres horas, al terminar se vuelve a practicar zazen. Luego se toma té y se come.

   Así vemos como el zen, que influye nuestras acciones en la vida diaria, también influye en el tiro con arco tradicional occidental.





   Es una práctica mushotoku, sin meta ni provecho, sin categorías, solo la experiencia vivida en cada lanzamiento de la flecha, la percepción del todo en este instante.

   Solo nuestra atención y actitud cambian aquello que hacemos.








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TIRO CON ARCO Y ESPIRITUALIDAD. 1ª PARTE.









Artur Duch




¿Qué sabemos del tiro con arco?

   A la mayoría de las personas cuando nos hablan del tiro con arco, la primera imagen que se nos presenta es de las películas de los indios de Norteamérica, Robin Hood, o como deporte en las olimpiadas.

   Es una práctica bastante desconocida, pero más aún su práctica como camino espiritual.
En Japón entre los siglos VIII al XVI surgió la figura del guerrero feudal, el Bishi, (Samuray para los occidentales)  en ese momento los japoneses estaban inmersos en una inacabable guerra civil.

   Diversas corrientes religiosas les ayudaron a fortalecer su espíritu, entre ellas el Budismo zen, de él el Bushi tomó la confianza en el destino, la aceptación de lo inevitable, la respiración y la atención en el momento presente.




   Entre otras prácticas que desarrollaban estos guerreros, tenían el tiro con arco, que practicado con especial atención y cuidado repetido, se convirtió en un entrenamiento del yo interior.

   Con la llegada de las armas de fuego, el tiro con arco tomó una dimensión diferente, se transformó en una ceremonia, donde el arquero se apuntaba en sí mismo, convirtiéndose así en un camino espiritual.



Zen y tiro con arco.

   En el tiro con arco igual que en el zen, se da una importancia primordial a la postura, la respiración y la actitud de la mente.




   Es necesario una estabilidad perfecta para tensar, apuntar y disparar (soltar la cuerda) con precisión, este equilibrio solo es posible si se dan las condiciones siguientes: relajación, tono muscular e inmovilidad.

   Lo más importante no es acertar en el centro de la diana, si no encontrar un estado psicofísico y espiritual de equilibrio, que su influencia sea tal que llegue al resto de acciones de la vida.

   El espíritu del arquero se identifica con la actitud zen en cuanto a la ausencia de intención, utilidad, fin o provecho, es decir, tiene que apuntar en el centro de la diana, pero su mente tiene que estar al margen del deseo de acertar o la inquietud de fallar.

   La postura del arquero no es un elemento estético, sino la condición imprescindible que proporciona equilibrio, precisión y concentración.

   No pensar ni en el pasado ni en el futuro, solo es importante el presente, estar atento a cada gesto para realizarlo con la mejor perfección posible.





   La postura correcta y la lentitud de las acciones tienen por objeto armonizar al arquero con todo el proceso del tiro.

   El arquero, su mente, el arco, la flecha y la diana deben ser una sola y misma cosa.

   A menudo surgen pensamientos que enturbian el proceso del tiro y provocan un tiro de mala calidad, estos pensamientos son obstáculos: enfado, felicidad, ansiedad, dolor, sorpresa y miedo. Pensamientos y sensaciones engendrados por nuestra mente que afectan negativamente nuestro cuerpo y nuestra mente.

   Esto sucede porque es el resultado de nuestros deseos y fijaciones en nuestra mente, por el valor que damos a las cosas externas.

   De aquí derivan (según Joseph Epes Brow) muchos de los tiros de poca calidad que se pueden hacer. Es la idea errónea del “yo” yo soy el que lanzo la flecha.

   Mientras esta conciencia del “yo” este egoísmo no se controle, el arquero no será completamente libre en su acción.

   La dejada o suelta (momento en que los dedos sueltan la cuerda del arco) es un instante crucial, de este momento depende el resultado de todos los pasos que hemos dado hasta llegar aquí, la dejada tiene que ser suave y debe suceder por sí sola, ha de sorprender al arquero.

   El arquero tiene que dejar de ser consciente de sí mismo, porque él no es quien lanza realmente la flecha.

   Después de muchos años de práctica y haberse sumergido en el camino del arco para toda la vida, el arquero ya no es quien da las órdenes de sus acciones, si no que se da cuenta que se ha convertido en observador de lo que está haciendo.

   En este instante se ha abandonado el “yo”.

   Pues ¿Quién lanza la flecha? “ESO”, “ESO” solo lo experimenta el arquero consumado, y “ESO” es la presencia del espíritu.

   Repito, esto solo se produce cuando el arquero, el arco, la flecha, el blanco y el yo se han fundido el uno con el otro.





Libros sobre tiro con arco y espiritualidad.

   En occidente y en lengua castellana se han editado numerosos libros de tiro con arco, como El Arte del Tiro con Arco de Joseph Epes Bruwn, El Tiro con Arco de Ananda K. Coomaraswamy; Kyudo en comic de J. Santos, Kyudo El Arte Japonés del tiro con arco de R.B.Acker.

   Pero el más conocido, del cual se han editado innumerables ejemplares en muchísimas lenguas, es el de Eugen Herrigel, profesor de filosofía y teología en las universidades de Erlangen y Heidelberg.

   Entre la primera y la segunda guerra mundial tuvo la oportunidad de dar clases en la universidad imperial Tohoku SendaÏ de Japón. Después de mucho insistir (pues los japoneses creían que un occidental nunca comprendería su arte) logró ser aceptado en el Dojo, donde un  profesor compañero en la universidad, practicaba el camino del zen en el tiro con arco. Vivió y practicó en Japón durante cinco años, a su regreso esta experiencia había cambiado su vida.

   En 1936 pronunció una conferencia en la sociedad Germano-Japonesa sobre el arte de la arquería, esta conferencia contenía los primeros esbozos de su futura obra EL ZEN EN EL ARTE DEL TIRO CON ARCO, donde recoge estas profundas vivencias.






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martes, 2 de abril de 2019

SAMU (作務 )


Es importante llegar con tiempo para poder participar en la limpieza y preparación del material en el dojo, al igual que, cuando finaliza la práctica, también hay que recoger y adecentar el espacio. El aseo es un requisito indispensable, y se considera una muestra de cortesía y de respeto hacia el dojo. Belén Pérez. (La esencia del kyudo. El arte del tiro con arco japonés.)





Samu (作務) es el trabajo de mantenimiento (barrer, lavar, limpiar los jardines, etc) que realizan los monjes budistas zen. Se dice que si el samu se realiza con la atención dirigida a la tarea se convierte en una forma de zazen en movimiento porque ofrece una oportunidad para calmar la mente.




Según la tradición, el monje chino Hiakujò Ekai (720-814) fue el primero en establecer en su comunidad las reglas del samu.

   Una práctica de Zen-Kyudo empieza con samu y finaliza con samu. Antes del rei (saludo) que da inicio a la práctica, los kyudocas dedican un tiempo a limpiar el dojo y a arreglar los pequeños desperfectos del material.